La hidratación de la piel es fundamental para la salud y la belleza.

El agua, elemento vital para la piel

Con el paso del tiempo, la piel se regenera de forma natural separando las células muertas del resto de los tejidos.

Un mínimo de dos litros al día

La reserva de agua que tiene la dermis y la epidermis, que constituye el 20% del agua de todo el cuerpo, se pierde fácilmente con las agresiones externas, por lo que hay que proporcionar un suministro continuo desde dentro, bebiendo un mínimo de 2 litros de agua cada día, y desde fuera, con la aplicación de cremas y soluciones hidratantes que ayuden a restablecer cualquier posible desequilibrio. 
Para que esta regeneración sea efectiva, el organismo cuenta con agentes hidratantes naturales denominados genéricamente Factor Natural de Hidratación -FNH-, unos agentes compuestos por un manto lipídico y moléculas de agua, que consiguen separar las células muertas de la piel renovada. 
Ante la falta de hidratación, las células muertas permanecen agrupadas en la superficie de los tejidos dando a la piel un aspecto seco y agrietado.

Factor Natural de Hidratación

El Factor Natural de Hidratación puede desaparecer o verse significativamente alterado por estos motivos:
 Utilización de productos en el baño o ducha que pueden eliminar la capa hidrolipídica de la piel.
 Condiciones climáticas tales como el exceso de calor, viento, exceso de sol o un ambiente seco.
 Las enfermedades que cursan fiebre, así como los desequilibrios hormonales pueden provocar pérdidas importantes de líquidos que alteran las propiedades y la eficacia del FNH.
 Pérdida de ácidos grasos propios de los tejidos como consecuencia de la edad. La actividad de las glándulas sebáceas aminora con la edad, lo que conlleva un agrietamiento de la capa subcutánea.
 Otros factores externos como el estrés o la polución también pueden alterar el equilibrio de los componentes del FNH. 

El agua, elemento vital para la piel

Nuestra piel cuenta, de forma natural, con un mecanismo de hidratación que regula y protege nuestro cuerpo de las condiciones externas y las posibles agresiones cotidianas como el calor, el frío, las infecciones, la sudoración, etc, mecanismo que proporciona el equilibrio necesario para que la piel esté hidratada y pueda lucirse bella y cuidada. 
Sin embargo, esta capacidad auto-reguladora del organismo para hidratar la dermis, se puede ver alterada por factores externos –clima, polución, estrés, etc…-, que rompen el equilibrio natural y provocan un déficit de hidratación de mayor o menor grado. Cuando esta capacidad de hidratación desaparece o es insuficiente, la piel pierde su elasticidad, tornándose áspera, tirante y frágil. Por todo esto, el agua es un elemento fundamental que debemos regalar a nuestra piel para mantenerla en plenas facultades de salud y vitalidad. 

Hidratar nuestro cuerpo no sólo es necesario cuando somos conscientes de que lo hemos sometido a un abuso, como por ejemplo, tras una sesión de sol o una dura semana de trabajo.
Es un error esperar a que los efectos de la deshidratación sean visibles, porque nuestra piel, con toda seguridad, tendrá sed mucho tiempo antes de que los efectos sean apreciables a la vista. La hidratación de la piel debe ser, por tanto, un acto cotidiano. 

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